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Cogujada común | Galerida cristata
Kuifleeuwerik | Crested lark
Es, probablemente, el ave que más veces se ve sin mirarla: la que se aparta caminando delante del coche en un camino polvoriento, la que corretea por el arcén de una carretera, por el aparcamiento de un polígono o por el borde de un rastrojo. Robusta, del color de la tierra, con un moño puntiagudo y un silbido melancólico que se oye todo el año. Para el lector español la pregunta no es dónde encontrarla, sino cómo separarla con seguridad de la cogujada montesina.
Voz
Silbidos puros y melancólicos, y casi siempre lo primero que delata al ave. El reclamo es un chu-chi-chu líquido y quejumbroso, o un du-diu-di de tres o cuatro notas claras, que cruza un descampado como el silbo de un pastor. El canto es una serie corta y variada de esos mismos silbidos, salpicada de imitaciones de otras aves, emitida desde el suelo, un poste, una farola o un tejado plano, y a veces en un vuelo de canto lento y alto. Canta todo el año, con máximo de febrero a mayo, y es sorprendentemente vocal en las mañanas soleadas de invierno.
Todavía no hay ninguna grabación con licencia libre para esta especie.
Identificación
Aláudido basto y compacto, de cabeza grande, cola corta y moño largo y puntiagudo que casi siempre se lleva erguido como una sola púa. El pico es largo y fuerte, con el culmen ligeramente arqueado y la mandíbula inferior carnosa, y parece casi excesivo para el tamaño del ave. Partes superiores pardo arenoso o pardo grisáceo con listas oscuras difusas; pecho blanco sucio con listas pardas desdibujadas que se pierden hacia los flancos, y vientre inmaculado. En vuelo muestra alas anchas y redondeadas sin borde posterior blanco, cola corta con las rectrices externas de color pardo canela — nunca blancas — y, sobre todo, unas coberteras infraalares de un naranja herrumbroso cálido que son el mejor rasgo de todos. Camina a pasos cortos sobre arena y grava desnudas y solo levanta el vuelo en el último momento, bajo y pesado.
Especies parecidas
La cogujada común y la cogujada montesina forman la pareja más difícil de esta guía; en la ficha de la montesina la misma diferencia se plantea desde el otro lado. Conviene repasar el ave de delante hacia atrás. El pico de la común es largo y afilado, con el borde inferior casi recto y una longitud cercana a la mitad de la cabeza; el de la montesina es más corto, más alto en la base y de culmen claramente convexo, lo que da una cabeza más roma y redondeada. El moño de la común es largo, estrecho y puntiagudo y suele llevarse como una sola punta; el de la montesina es más corto y abierto en abanico, de modo que se distinguen las puntas de las plumas por separado. Las listas del pecho son en la común difusas, pardas y desdibujadas sobre fondo blanco sucio; en la montesina son gotas nítidas, casi negras, sobre blanco limpio, y siguen hasta los flancos. Las infracoberteras caudales son en la común de un ocre cálido o canela; en la montesina de un crema pálido casi blanco. El ala por debajo es en la común naranja herrumbroso cálido — a menudo el rasgo que decide en un ave que se levanta — y en la montesina pardo grisáceo pálido. Por último el obispillo: canela y fundido con la cola en la común, más gris y contrastado en la montesina. A todo ello hay que sumar el hábitat y la voz: en un cerro pedregoso con matorral bajo, y sobre todo si el ave canta desde una piedra o una mata, lo probable es la montesina; en el llano cultivado, el arcén o el polígono, la común. La alondra común tiene borde posterior blanco en el ala, rectrices externas blancas, moño mucho más corto y cola más larga; la totovía es pequeña y de cola muy corta, con ceja clara larga hasta la nuca y un bloque blanquinegro en el codillo.
Hábitat
Suelo desnudo, cálido y removido, con vegetación baja y abierta: polígonos industriales, puertos, playas de vías, aeródromos, arcenes, eriales, corrales y bordes de cultivo, además de barbechos, rastrojos, estepa cerealista y semidesierto. Se alimenta caminando sobre arena y grava desnudas y necesita cerca unas matas o un ribazo donde ocultar el nido, que es una simple depresión en el suelo. En cuanto ese terreno se siembra, se asfalta, se ajardina o se cierra de vegetación, el ave desaparece en pocos años.
Dónde vive realmente el ave, según EUNIS, la clasificación europea de hábitats.
Distribución y movimientos
De Portugal y Marruecos hacia el este por el sur y el centro de Europa, los Balcanes, Turquía y Oriente Próximo, y más allá del ámbito de esta guía hasta Asia central, China y Corea, alcanzando por el sur el Sahel. En España está presente en prácticamente todo el territorio peninsular, del nivel del mar a los llanos de Castilla, con las mayores densidades en el secano cerealista, los regadíos jóvenes y los bordes urbanos; falta en las Canarias y es escasa en la franja atlántica más lluviosa y en la alta montaña. Es sedentaria estricta: pasa el año entero a pocos kilómetros del lugar donde crió. En el noroeste de Europa, en cambio, ha desaparecido casi por completo.
- Todo el año
- Reproducción (verano)
- Invierno
- Paso migratorio
- oscuro = área principal, claro = presencia escasa
Dónde y cuándo buscarla
En España la dificultad no está en verla, sino en anotarla bien. Recorre a media mañana un camino agrícola, el arcén de una carretera secundaria o el borde de un polígono y fíjate en el ave color tierra que se aleja andando en vez de volar. Apúntale al pico y al pecho antes que al moño: pico largo y afilado y listas pectorales difusas significan común. Si el ave se levanta, mira el ala por debajo, donde el naranja herrumbroso es concluyente. Y si estás en un cerro pedregoso con tomillar o en un roquedo, dedica un minuto más a la identificación, porque allí la montesina es igual de probable.
Estado de conservación
No amenazada a escala mundial (LC) y aún una de las aves más frecuentes del campo español, pero los programas de seguimiento de aves comunes vienen señalando en España un retroceso lento y sostenido desde comienzos de siglo, en la misma dirección que el resto de las aves de medios agrarios: siembras más densas, desaparición del barbecho y del rastrojo invernal, herbicidas y regadíos uniformes. El contraste con el noroeste de Europa es aleccionador: en los Países Bajos criaban varios miles de parejas en los años setenta, sobre todo en solares de obra, polígonos y bordes de vía, y desde la década de 2010 apenas queda algún caso aislado, porque el suelo desnudo y provisional del que vivía se sembró, se pavimentó o se ajardinó en cuanto el barrio estuvo terminado. Conservar en España los eriales, los barbechos y los bordes sin ajardinar es exactamente lo que allí no se hizo.




