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Matorralero rojizo | Atrichornis rufescens
Rosse doornkruiper | Rufous Scrubbird
El matorralero rojizo es una de las aves más difíciles de observar de Australia: un ave terrestre rojiza y de aspecto casi sin cola del sotobosque denso de la selva del límite entre Queensland y Nueva Gales del Sur, que prácticamente nunca vuela y se desplaza por la hojarasca como un ratón. Casi todo lo que se sabe de ella se ha reunido por el sonido: se oye antes que se ve, y hay observadores que la siguen durante años sin llegar a tener una buena vista. Junto con las aves lira forma una rama antiquísima y exclusivamente australiana de las aves canoras.
Voz
En esta especie la voz lo es todo, y no guarda proporción con el tamaño del ave. El canto del macho es una serie de notas chip agudas y metálicas que acelera hasta convertirse en un traqueteo ensordecedor; de cerca resulta dolorosamente fuerte y atraviesa cientos de metros de bosque denso. El ave es además ventrílocua: el sonido parece proceder de un lugar muy distinto de aquel en que está el cantor, lo que puede tener a un observador dando vueltas sin fin. Es también buena imitadora e intercala en su canto los reclamos de otras aves del bosque. Como el ave misma permanece invisible, en la gestión los territorios se cartografían únicamente por el canto: aquí el sonido no es una ayuda, sino el único camino.
Todavía no se ha encontrado ninguna grabación con licencia libre para esta especie; abajo se describe qué escuchar.
Identificación
De dieciséis a dieciocho centímetros, buena parte de ellos cola. El plumaje es de un rufo cálido por encima, finamente vermiculado de oscuro, y de un blanco anteado a pardo apagado por debajo. La cola es larga y ancha y se lleva a menudo levantada; las alas son cortas y redondeadas, y el ave casi nunca vuela: corre por la hojarasca con la cola en alto. El macho luce una mancha negra en garganta y pecho alto de la que carece la hembra; las hembras son más uniformes y menores. Las patas son robustas y el pico recto y puntiagudo. En la práctica se obtiene a lo sumo un atisbo de una forma rojiza que pasa disparada entre dos helechos.
Especies parecidas
Apenas cabe una confusión real de campo, pues en su área no hay una segunda ave con este comportamiento y esta voz. Un ave parda que huye corriendo por el suelo del bosque sugiere sobre todo el sericornis piquigrande (Sericornis magnirostra) y sus parientes, menores y más finos y que alzan el vuelo con facilidad, o un ave lira joven (Menura alberti y Menura novaehollandiae), mucho mayor y que escarba la hojarasca con las patas en lugar de correr por ella. La única otra especie de la familia, el matorralero ruidoso (Atrichornis clamosus), vive dos mil kilómetros al oeste, en el suroeste de Australia Occidental, y en ningún punto coincide con esta. La confusión es más probable de oído: quien no conoce el traqueteo acelerante lo toma por la alarma de un mielero.
Hábitat
Sotobosque denso y húmedo de selva subtropical y de bosque de haya antártica, y localmente el tupido estrato bajo del bosque húmedo de eucaliptos contiguo a la selva. La especie exige una combinación muy precisa: una capa profunda y permanentemente húmeda de hojarasca donde está su alimento, una maraña densa de helechos, lianas y madera caída entre diez y cincuenta centímetros del suelo por la que moverse, y abrigo suficiente frente a la desecación. Esa combinación existe casi solo por encima de unos seiscientos metros, en las vertientes orientales húmedas de los altiplanos. Los territorios se sitúan a menudo junto a arroyos y en laderas de solana sur, donde el suelo se mantiene húmedo aun en un verano seco.
Donde el ave se encuentra con más frecuencia, ordenado por grupo y formación.
Distribución y movimientos
Endémica de unos pocos bloques forestales elevados en el límite entre Queensland y Nueva Gales del Sur y en las sierras de la costa norte de Nueva Gales del Sur: las Border Ranges y Lamington al norte, y más al sur Dorrigo, la Gibraltar Range, Washpool, los altiplanos de New England y las Barrington y Gloucester Tops. Entre esos bloques hay terreno más bajo, más seco o desbrozado que un ave que no vuela no cruza, de modo que cada población queda de hecho en una isla. El área total es pequeña y la superficie ocupada dentro de ella, mucho menor aún. No existe desplazamiento de ninguna clase.
- Todo el año
- oscuro = área principal, claro = disperso
Dónde y cuándo buscarlo
Trabaje de oído y no de vista. Recorra a primera hora de la mañana los senderos del bosque de hayas o de la selva por encima de los seiscientos metros y deténgase en cuanto suene el traqueteo acelerante; después no intente acercarse al ave, porque la voz ventrílocua envía al observador con toda fiabilidad en la dirección equivocada y abrirse paso por el sotobosque daña justamente la capa de hojarasca de la que la especie vive. Quédese en el sendero, espere y asuma que una observación visual es un golpe de suerte y no un objetivo. Reproducir grabaciones no es admisible tratándose de una especie amenazada con poblaciones pequeñas y aisladas.
Conservación
En peligro (EN). Las recopilaciones taxonómicas y de lista roja recientes sitúan la especie en la categoría de en peligro, un escalón por encima de la clasificación más baja que figura en fuentes antiguas. La población es pequeña, repartida entre unas pocas decenas de bloques forestales sin intercambio entre ellos, pues un ave que no vuela no cruza terreno abierto. Los incendios severos que recorrieron los altiplanos de la costa este en los veranos de 2019 y 2020 quemaron el sotobosque y la hojarasca en varios de esos bloques; una especie incapaz de desplazarse se recupera de ello con lentitud o no se recupera. A eso se suman la desecación por el cambio climático, la remoción de la hojarasca por cerdos asilvestrados y plantas invasoras como la lantana, que alteran la estructura del sotobosque. La pérdida histórica de selva de tierras bajas ya había confinado la especie a las zonas altas antes que todo esto.
Nombre científico
Atrichornis rufescens | (Ramsay, 1866)
Edward Pierson Ramsay describió la especie en 1866 a partir de aves de la espesura de los ríos Clarence y Richmond, en Nueva Gales del Sur, con el nombre Atrichia rufescens. Ese nombre genérico resultó estar ya en uso para un género de insectos y fue sustituido por Atrichornis, formado con el griego antiguo a- ('sin'), thrix ('pelo') y ornis ('ave'), en alusión a la ausencia de las cerdas rígidas en torno a la base del pico que la mayoría de las aves canoras sí poseen. El epíteto rufescens es el latín para 'que tira a rojizo'. El inglés Rufous Scrubbird y el español matorralero rojizo nombran el color y el matorral; el neerlandés rosse doornkruiper sitúa al ave entre los corretroncos, lo que induce a error en cuanto al parentesco: la familia no está junto a los corretroncos, sino junto a las aves lira.


