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Reyezuelo de Madeira | Regulus madeirensis
Madeiragoudhaan | Madeira firecrest
El pájaro más pequeño de Madeira y el único reyezuelo de la isla: allí no cabe confundirlo con nada, porque no hay ningún otro Regulus. Sobre el papel la cosa cambia. Hasta 2003 se describía como una forma del reyezuelo listado; desde entonces se trata como especie propia, por diferencias en el canto y en el dibujo de la cabeza. Quien lo vea en la laurisilva de Ribeiro Frio notará enseguida que algo no encaja — más oscuro, más apagado, con el pico más largo —, aunque tarde un momento en poder decir qué.
Voz
Aquí está la separación real respecto del reyezuelo listado, y es lo bastante amplia como para trabajar con ella en el campo. El listado emite una única serie uniforme de notas finas e iguales que se acelera y gana volumen poco a poco y se corta en seco, sin floritura final. El de Madeira no hace eso: su canto se compone de estrofas cortas y variables en las que las notas suben y bajan de altura, con un ritmo claro, y la estrofa no se interrumpe de golpe sino que desemboca en un final rodado y algo desordenado. El conjunto suena más lleno, más grave y más variado, más propio de un pequeño mosquitero apresurado que del barrido finísimo de un reyezuelo continental. El reclamo es un zit agudo en series de dos a cuatro notas, algo más lleno y grave que el del listado y con más peso en cada nota. Vale además la advertencia común a todos los reyezuelos: el sonido está tan alto que muchos observadores pasados los cincuenta solo perciben las aves más próximas, y pasados los sesenta a veces ninguna. En la laurisilva conviene grabar antes que fiarse del oído.
Todavía no hay ninguna grabación con licencia libre para esta especie.
Identificación
Esférico, de cola corta y cabeza grande como todos los reyezuelos, pero con un pico proporcionalmente largo y fino que le da a la cabeza un perfil más apuntado. Por el píleo corre una banda anaranjada o rojo anaranjada en el macho y amarillo anaranjada en la hembra, bordeada de negro a ambos lados; esos bordes negros son anchos y se prolongan bastante hacia atrás, de modo que la parte alta de la cabeza se ve oscura de perfil. Debajo, una ceja corta de blanco grisáceo que se detiene justo detrás del ojo, y bajo ella una lista ocular ancha que también se mantiene negra y gruesa entre el pico y el ojo. Las partes superiores son verde oliva oscuro; las inferiores, blanco grisáceo con lavado crema sucio en los flancos. En el costado del cuello hay como mucho un asomo de bronce. Dos barras alares claras, con la manchita negra en la base de las secundarias que llevan todos los reyezuelos. Los jóvenes carecen de color en la corona; el negro ancho del píleo y la lista ocular gruesa ya están presentes.
Especies parecidas
En Madeira no hay con qué confundirlo: faltan tanto el reyezuelo sencillo como el listado, y este es el único reyezuelo del archipiélago. El problema, por tanto, no es de campo sino de libro, y consiste en compararlo con el reyezuelo listado que el lector conoce del continente; conviene consultar también su ficha, donde el dibujo de la cabeza y del hombro se explica desde el otro lado. Cuatro rasgos apuntan a Madeira. La ceja es más corta y más sucia: termina justo detrás del ojo en lugar de prolongarse mucho más allá, y es blanco grisácea y no blanco puro. La lista ocular es más ancha y sigue siendo negra y gruesa también entre el pico y el ojo, de modo que la cara resulta oscura y severa en lugar de nítidamente rayada. Los bordes negros del píleo son más anchos y llegan más atrás. Y el pico es claramente más largo y fino, el único carácter que ofrece un asidero en una fotografía de un ave suelta y la razón de pedir siempre una toma de perfil ante cualquier cita dudosa. A ello se añade que la mancha bronce del costado del cuello, uno de los mejores rasgos del listado, aquí casi no existe, y que el ave entera es más verde oscura por arriba y más gris por abajo. Lo que zanja el asunto, en todo caso, es el canto, descrito más abajo. En la propia isla solo estorba el mosquitero común, y únicamente a quien se guíe por el tamaño: es un tercio mayor, estilizado, pardo oliváceo liso y con una cola larga que baja sin parar.
Hábitat
El núcleo es la laurisilva: el bosque húmedo y perennifolio de las laderas del norte y de los barrancos, con til, vinhático, laurel y barbusano, denso, tapizado de musgo y metido en la nube buena parte del año. Allí vive entre unos seiscientos y mil seiscientos metros, con las mayores densidades en el bosque viejo y cerrado. Ocupa además el brezal arbóreo de las laderas altas, donde Erica arborea y Erica platycodon crecen como arbolillos retorcidos, y también las repoblaciones de criptomeria, pino y eucalipto, donde es claramente más escaso pero está presente. Se le encuentra igualmente en los jardines y parques de Funchal y a lo largo de las levadas, casi hasta el nivel del mar. El nido es la misma tacita colgante de musgo, líquenes y telaraña que hacen todos los reyezuelos, suspendida bajo una rama o en una mata densa de helecho o de brezo.
Dónde vive realmente el ave, según EUNIS, la clasificación europea de hábitats.
Distribución y movimientos
Solo la isla principal de Madeira, y en ningún otro lugar del mundo. Falta en Porto Santo y en las Desertas, y no está ni en las Azores ni en Canarias: el área mundial completa de la especie cabe, pues, en una isla de apenas setecientos cuarenta kilómetros cuadrados. Dentro de ella es común y está bien repartido, y ocupa prácticamente cualquier mancha de bosque cerrado o de matorral alto, desde la laurisilva del norte y del macizo central hasta la franja de brezal de las cumbres y las laderas repobladas de alrededor. Es sedentario y no abandona la isla; nunca se ha registrado un ave silvestre fuera de Madeira. En invierno sí desciende un poco hacia el interior de los barrancos, lo que mejora las probabilidades de una buena observación a lo largo de una levada en esos meses.
- Todo el año
Dónde y cuándo buscarla
Hay que subir a la laurisilva y no quedarse en la costa. Los sitios clásicos son Ribeiro Frio con el sendero de Balcões, la Levada do Caldeirão Verde desde Queimadas, el bosque de Fanal y el entorno de Rabaçal; en los cuatro se encuentra en una mañana. Conviene caminar despacio y escuchar primero: el zit finísimo llega casi siempre antes que el ave, y la estrofa rodada que viene detrás confirma la identificación sin necesidad de prismáticos. Después hay que repasar las ramillas exteriores y no el tronco, porque rebusca en las últimas hojas y para ello se cuelga boca abajo. Las primeras horas, con la nube sobre el bosque, son con mucho las más fáciles; es un ave llamativamente confiada y a menudo se deja mirar a dos o tres metros, que es la ocasión de examinar con calma ese pico largo.
Estado de conservación
No amenazado a escala mundial y común en la propia isla: los efectivos son estables y la especie ocupa casi todo el bosque disponible. Aun así, se trata de un ave con una isla y sin segunda: cuanto afecte al bosque de Madeira afecta de golpe a toda la población mundial. Los grandes incendios de 2010 y 2016 lo dejaron claro; golpearon sobre todo repoblaciones y brezal, pero mostraron con qué rapidez puede ocurrir. Más allá del fuego, la laurisilva sufre la presión de las plantas introducidas, de las plantaciones de eucalipto y criptomeria en sus bordes y del pisoteo en los senderos de levada más transitados. La superficie protegida es amplia — la mayor parte de la laurisilva está dentro del parque natural y figura en la lista del patrimonio mundial —, y esa es la razón principal de que la especie se mantenga bien.



