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Turdoide árabe | Argya squamiceps
Arabische babbelaar | Arabian babbler
Un turdoide árabe solo no existe. Llegan de seis en seis o de doce en doce, en fila de mata en mata, silbando y riñendo, con la cola arrastrando por la arena. Ese grupo es una casa: cría una sola pareja y todos los demás miembros ayudan a construir, cebar y vigilar, incluidos los pollos del año anterior. En los uadis del Arabá se les siguió desde los años setenta con tanto detalle y durante tanto tiempo que están entre las aves silvestres mejor estudiadas del mundo.
Voz
El nombre está bien puesto. El grupo mantiene todo el día una conversación de silbidos limpios, chillidos, frases parloteadas y refunfuños suaves, sin principio ni final, que se oye mucho antes de ver un ave. El reclamo de contacto es un piiu claro y ascendente con el que se localizan entre las matas. Ante el peligro, el centinela lanza una alarma seca y traqueteada, todo el grupo se lanza a cubierto y desde allí sigue protestando. Cuando dos grupos coinciden en un límite de territorio se forma un coro alto y prolongado, con las aves apretadas hombro con hombro llamando en bloque a los vecinos: el sonido más ruidoso del uadi.
Todavía no hay ninguna grabación con licencia libre para esta especie.
Identificación
Grande y alargado, con una cola que supone casi la mitad del ave, escalonada, de modo que al posarse se abre como un abanico. El color es pardo grisáceo arenoso, más claro por debajo, con la garganta blanco sucio. La corona y las mejillas llevan finas estrías oscuras que de cerca parecen escamas: de ahí el nombre científico squamiceps. El pico es largo, negro y algo curvado, y el ojo es pálido, con un iris amarillo crema o gris claro que le da una expresión fija. Las patas son fuertes y carnosas. Ambos sexos son iguales. Los jóvenes conservan el ojo oscuro y la corona sin estrías, lo que los delata de inmediato dentro del grupo. El vuelo es débil y aleteado, con alas cortas y redondeadas y esa cola larga detrás; vuela poco y casi siempre a ras de suelo.
Especies parecidas
Dentro del mapa no hay nada que se le parezca: en el Levante y el Sinaí es el único turdoide. La comparación que importa es con el turdoide rojizo, su equivalente en el otro extremo del continente, y los dos se distinguen casi tan bien por el país como por el plumaje. El árabe es el mayor, más frío y más gris de los dos, con finas estrías oscuras en corona y mejilla, iris amarillento pálido y cola más larga; el rojizo es más cálido, de un arenoso rojizo, con la cabeza lisa sin estrías y el ojo pardo oscuro. Sus áreas no se tocan: entre ambas quedan el Nilo y los desiertos egipcios, con el árabe al este —Sinaí, Arabá, Arabia— y el rojizo desde Libia hacia el oeste, por todo el Magreb hasta el Atlántico. Ante la duda en el campo, mira el ojo: pálido es árabe, oscuro es rojizo.
Hábitat
Desierto y semidesierto con matas y árboles, nunca el llano pelado: uadis con acacias, ramblas secas con azufaifo y taray, barrancos rocosos con matorral y las versiones humanas de todo eso —palmerales de dátiles, jardines de kibutz, lindes de cultivo y las plantaciones de los pueblos del desierto, donde se instala sin dificultad—. Se alimenta sobre todo en el suelo, volteando hojas y guijarros con el pico en busca de insectos, y además trepa por las copas de las acacias. De noche el grupo duerme muy apretado a lo largo de una rama.
Dónde vive realmente el ave, según EUNIS, la clasificación europea de hábitats.
Distribución y movimientos
Desde el extremo sur del mar Muerto y el desierto de Judea hacia el sur por el Néguev y el Arabá, a ambos lados de la frontera israelo-jordana, y de ahí por el Sinaí y toda la península arábiga hasta Omán y Yemen, además de una franja de la costa egipcia del mar Rojo. Dentro del mapa se trata pues de Israel, Jordania y el Sinaí; no llega más al norte y nunca ha cruzado el Mediterráneo. Son aves sedentarias en grado extremo: un grupo ocupa el mismo tramo de uadi durante años y los jóvenes suelen quedarse en el territorio donde nacieron.
- Todo el año
- Invierno
- Paso migratorio
- oscuro = área principal, claro = presencia escasa
Dónde y cuándo buscarla
Sirve cualquier uadi con acacias del Arabá o el Néguev, y basta con quedarse quieto y escuchar: Hatzeva, la reserva de Shezaf, Ein Gedi, Yotvata, los jardines de un kibutz. A menudo es el grupo el que se acerca, porque son notablemente poco desconfiados. Fíjate entonces en tres cosas. La primera, el centinela: siempre hay uno alto y callado mientras el resto trabaja el suelo. La segunda, el cebo: los adultos se pasan comida entre ellos y a los jóvenes aunque nadie tenga hambre. La tercera, el acicalado: dos aves juntas en una rama, una peinando las plumas de la nuca de la otra. Media hora con un solo grupo enseña más que una mañana entera buscando.
Estado de conservación
No amenazado. El área es amplia, los efectivos son estables y la especie sale ganando localmente cerca de los asentamientos humanos, donde los jardines, el riego y los desperdicios ofrecen comida todo el año. Donde las cosas van mal es en los propios uadis: la muerte de las acacias viejas por las presas y la extracción de agua subterránea deja a los grupos sin estructura, y un uadi sin acacias se queda vacío. Además, las aves son sensibles a las molestias en los dormideros y a gatos y ratas alrededor de los pueblos. Por lo demás, es una de las poquísimas aves desérticas cuya tendencia conocemos de verdad, sencillamente porque se la ha observado durante muchísimo tiempo.



